Agrajer más de cerca

El juego también mata.

Los enfermos por adicciones no tóxicas se cifran en 11.000 en Granada -130.000 en Andalucía-, pero esta patología no deja de ser una gran desconocida e ignorada por una parte importante de la sociedad.

Duros recuerdos y fuertes esperanzas marcan la vida de los miembros de la Asociación Granadina de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Agrajer), personas que han parado su adicción al juego y ahora intentan recuperar su familia, sus amigos, su trabajo y su hogar, su vida. Cada jueves se reúnen en una de las salas del local de la asociación, en Cenes de la Vega, y en una terapia abierta y común comparten las dificultades y progresos que han experimentado. Sus testimonios están atribuidos a nombres ficticios para garantizar la protección de la verdadera identidad de los miembros del grupo.

Las 20:30 horas. “El juego es la punta del iceberg. Cuando destapas el cubo de basura ya no se puede cerrar, porque yo, a los seis meses de ingresar en la asociación, ya no tenía problemas con el juego pero me seguía sintiendo desgraciado”, rompe el hielo Carlos. “Es cierto, la adicción la paras pero lo que viene detrás es muy difícil de superar” coincide David. La Asociación Americana de Psiquiatría describe el juego patológico en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos como un síndrome en el cual aparece un fracaso crónico y progresivo de la capacidad para resistir el impulso de jugar, y la Organización Mundial de la Salud añade que este fracaso altera o lesiona los intereses personales, familiares y vocacionales.

En la Asociación tienen claro que el juego de azar es una enfermedad, que necesita de tiempo y apoyo para curar. La esposa de David cuenta que “me he sentido maltratada durante 28 años. A mis hijos les he evitado lo malo y por eso no están tan marcados, pero yo he tenido que aguantarlo todo sola y a veces me consideraba la culpable de la situación”. “Ahora me viene grande recibir todo lo que David me está dando. Me está enseñando a vivir una nueva vida y no sé ponerle orden”, añade con dificultad. La única explicación es la convivencia con una persona enferma, adicta al juego, y el conocer paso a paso, gracias a la voluntad del paciente y a la ayuda de familiares y profesionales de la asociación, a una persona sana. “Cuando le he dicho a mi hijo que viniese a acompañar a su padre a la terapia me ha respondido que qué hacía él con un grupo de colgados. Yo no he sabido qué decirle”, relata Sofía. Pepe, su marido, afirma con tristeza que “los hijos, tarde o temprano, te pasan la factura de las carencias que han tenido por el juego de su padre”. En la asociación hay 198 adictos en tratamiento, el 95% vienen con un familiar o animados por su pareja. Juan Luis Suárez, presidente de Agrajer, explica que la mayoría de los miembros son hombres, aunque las pocas mujeres que vienen abandonan antes porque no tienen apoyo familiar, se enfrentan solas al problema. “Además, les da más vergüenza porque sienten que se gastan el dinero de su familia”, añade Ángela Benito, trabajadora social del centro. Aunque muchos vuelven, el porcentaje de abandono es de casi el 40%. La experiencia de Diego es, sin embargo, más esperanzadora. “Mi mujer no quiere venir aquí, así que primero hago la terapia yo y luego la hago con ella en casa”, y añade que “ahora cuando mis hijos vienen a casa están en la gloria”.

En la socioterapia una de las preguntas que se plantean es el por qué han empezado a jugar. “Mis padres eran invidentes, así que yo he jugado desde niño. De hecho yo he comido gracias al juego”, narra Jesús. Las experiencias son de lo más diversas, como dice Pepe “cada jugador es un mundo”. Él empezó con 9 años y terminó con su adicción a los 37. “Para mí el juego era una vía de escape a mis problemas”. Otros testimonios se encaminan en la línea de “todo lo que fuera salirme de mi mundo me molestaba” o “mis complejos los olvidaba con el juego”. Carlos saca a relucir los celos como una excusa para jugar. “Los celos también forman parte de la enfermedad. Yo, cuando empecé la rehabilitación, fui mostrando más interés por todo, pero no pude dejar los celos”.

Los factores descritos como causantes de una adicción al juego patológico son de origen personal, familiar y social. Inestabilidad, deseo de éxito por un estilo de vida pobre, supersticiones, antecedentes familiares, carencias afectivas, situaciones traumáticas, fácil acceso, presión social y de la publicidad. Una larga lista que varía dependiendo del ex jugador.

Desde hace diez años el perfil del adicto al juego está cambiando. La señora mayor que pasa el día en el bingo comparte mesa con el joven de 15 años enganchado a las apuestas por internet o a las compras compulsivas. Es decir, baja la edad media, aunque en la asociación hay miembros desde los 16 años hasta los 75. Manolo ha venido con su novia. Cuenta que tuvo muchos problemas con ella y con su familia por culpa del juego, pero que se decidió a ingresar en rehabilitación cuando la situación era insostenible. “Al principio sólo echaba unas monedillas, pero yo quería manejar la cartilla que guardaba mi madre. La cosa fue a más”.

Tragaperras, telefonía móvil, videojuegos y apuestas. Para prevenir y combatir la adicción al juego de azar entre los menores, Agrajer puso en marcha en el año 2006 el programa Cubilete. A través de una guía práctica para docentes se garantiza información y actividades didácticas para saber tratar las adicciones no tóxicas con niños. Además, dos años más tarde, ante la necesidad creciente manifestada por los padres, también editaron una guía para familias. “Concienciar y advertir sobre este problema creciente no sólo es cuestión de padres o profesores, hay que trabajar juntos. Hace un año y medio intentamos realizar una campaña para evitar la triste situación del niño que llega a la administración de lotería y apuesta con el permiso de su padre que lo está esperando en el coche. Sólo queríamos que una pegatina advirtiera que no se permite el uso o la venta de juegos de azar a menores de 18 años, pero ni las administraciones granadinas ni la Delegación quisieron colaborar”, detalla Suárez.

Las 22:00 horas. Termina la reunión, pero la terapia sigue en casa. “La oportunidad de estar en la asociación me ha permitido rehacer mi vida -afirma contundente Pepe- he recuperado mi dignidad como ser humano, que es lo más importante, porque lo material y económico no se recupera”. Pedro quiere cambiar y poner en orden su vida. “Ya tengo más claro cuáles son mis prioridades”, dice. Y Carmina, esposa de Pepe, concluye que “poco a poco lo conseguiremos, es una lucha constante”.

Granada Hoy, 24/07/2011

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