Fernando. Alujer. 17/07/2008

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FERNANDO

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“DE UNA DIVERSIÓN, EL JUEGO PASÓ A SER UNA NECESIDAD”

FERNANDO SANCHEZ VALENZUELA, EX ADICTO A LOS JUEGOS DE AZAR

Fue capaz de engañar a su familia para satisfacer su adicción a las tragaperras.

Gracias a la ayuda de ALUJER, ahora lleva una vida normal.

UN TESTIMONIO REAL.

Fernando no se acuerda el día en el que comenzó a jugar. Supone que debió ganar algún dinero y que este hecho le motivó a introducir una moneda más en la máquina tragaperras. Lo que sí se acuerda son los antecedentes a su adicción a los juegos de azar. Fue a los quince años, cuando comenzó a trabajar en el hotel Xauen. Allí se aficionó a los tradicionales “ chinos “, actividad que mezclaba con el consumo de bebidas alcohólicas.

Dos años después, y de forma paralela al “boom” de las máquinas tragaperras, la diversión de Fernando se convirtió en un callejón sin salida. “Era un dinero fácil, sobre todo en aquella época, cuando no tenías mucho y veías que en la máquina podías ganar unos duros más”, explica. Fernando, una persona que en aquella época podría definirse como un ser con dificultad para desarrollar cierto tipo de habilidades sociales, fue capaz de seguir con su vida normal a la vez que satisfacía sus necesidades de juego.

”Más que una diversión o las ganas de que te tocara un premio, echar una moneda a una máquina se convirtió en una necesidad para mi sin la que no era capaz de pasar un día”, recuerda. Más tarde, consiguió un buen trabajo en Fábricas Molina y se casó. Su mujer tardó mucho tiempo en darse cuenta de la patología que afectaba a su cónyuge. “Los adictos al juego somos mentirosos compulsivos y sabemos perfectamente engañar a las personas que tenemos más cerca para que no se den cuenta de lo que nos pasa”, asegura. “Una de las maneras de lograr el engaño era no hablar con mi mujer ni mis hijos para que no descubriesen nada” .

Este jiennense llegó a gastar la mitad de su sueldo en las máquinas tragaperras en una sola tarde. Hubo días en los que, tras salir del trabajo a las dos de la tarde, regresaba a su hogar a las once de la noche.”No había comido nada, simplemente había estado en un bar, jugando”. Fernando robó dinero a sus padres y al resto de su familia para poder financiar el enorme gasto que supone una patología como la ludopatía.”Mis padres tenían un sobre con dinero ahorrado y, poco a poco, llegué a quitarles trescientas mil pesetas de las de antes”, recuerda el antiguo adicto al juego.

El límite lo puso una falacia que su mujer y sus suegros no fueron capaces de aceptar.”Les dije que había comprado una casa y que debíamos ir a Granada a firmar las escrituras. Cuando llegamos, me bajé del coche y estuve dando vueltas por la ciudad. Después, volví sin haber firmado nada. Ese dinero lo había gastado en las máquinas. Cuando se enteraron, sus familiares lo echaron de casa. Durmió dos días en la calle, lo que le hizo reaccionar y dejar el juego. “Pero la amenaza no es una solución y tras comenzar los problemas en la fábrica Molina, volví a caer”. Al poco tiempo, Fernando se dio cuenta de su enfermedad y acudió a pedir ayuda a Alujer.

Actualmente, lleva ocho años sin jugar y es vicepresidente de la asociación. Considera que sólo la voluntad y la intención de dejar el juego es una solución y anima a todos los que pasan por la situación que el vivió a pedir ayuda,” porque existe una solución”

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